Con ingredientes de los uchepos, las corundas, temblorosos y los ates (por Padre y madre) cocido en fogon de adobe y sazonado en un ambiente muy mexicano, pude ver la luz en la tierra Chilanga (DF) como modelo 75.
Como consecuencia de este origen extraño, aprendí a comer, oler y bailar entre Michoacán y el DFctuoso, lo que explica mi...
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Con ingredientes de los uchepos, las corundas, temblorosos y los ates (por Padre y madre) cocido en fogon de adobe y sazonado en un ambiente muy mexicano, pude ver la luz en la tierra Chilanga (DF) como modelo 75.
Como consecuencia de este origen extraño, aprendí a comer, oler y bailar entre Michoacán y el DFctuoso, lo que explica mi gusto por las texturas nacionales, los frijoles y lo rasposo del tequila y del aguardiente.
Sin desconocer lo que se sufre cuando uno tiene a un ser querido lejos, comprendí lo duro de la migración y el sentido de las muchas canciones que al respecto se cantan.
Pense mal de los tres, si de los tres, reyes magos cuando en Michoacán me llegaron con un paquete de galletas, y aún con la esperanza de que se arrepintieran llegué al D. F. Para encontrarme que ni la intención tuvieron. Y para los que no saben, el Santo clos por estas tierras no se aparece.
Tuve la suerte de saber que el chapulín colorado se llamaba así porque era rojo hasta la secundaria, cuando mi padre regreso de Estados Unidos con algunas cosas, entre ellas un televisor de color.
Ya trabajando, tuve la oportunidad de conocer casi todo lo hermoso que es mi país, conocer a toda la gente que hoy cuento entre mis amigos pero sin dejar de extrañar el olor de la leña al quemarse, el calor del fogon cuando mis abuelitas hacian las tortillas al metate, los recuerdos del radio: Ojo de vidrio, Kaliman y tres patines; los Quinques, o "aparatos" de petroleo, la leche recien ordeñada, etc.
Teniendo el gusto de ser bien recibido en casi todos los lugares sobre los que me paré. Y así, con mis raíces DF-Michoacanas y, conociendo la mayoría de los ritmos y sones de nuestro “México querido“ no cambio por nada, el estar en mi México, mi pueblo en una buena platica endulzada con el sonido de una buena tambora o con el llorar de una guitarra secundada por un acordeón.
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