“Novela escrita entre 1920 y 1930 que fuera publicada por primera vez en 1937 y cuyo título orignal “El hobbit, historia de una ida y una vuelta” da relevancia al personaje principal y nos anuncia el título que dicho personaje da a sus memorias las cuales se convertirán en el relato que está uno a punto de leer: un viaje de aventuras. El ambiente es totalmente imaginario, un mundo que recibe el nombre de tierra media, el cual cuenta con montañas, ríos, bosques y valles habitados por seres fantásticos y es descrito tanto por el autor como por los personajes siendo una parte principal de la historia.
La novela es narrada por el personaje principal la mayor parte del tiempo aunque de vez en cuando un narrador omniprescente agrega detalles al lector. Los pleyade de personajes consta de seres imaginarios como elfos, orcos, trasgos, hobbits, enanos, dragones, arañas, águilas gigantes son algunos de ellos y un punto destacable es que cada raza tiene un modo particular de comportamiento y el autor crea una especie de cultura a la que ligar a cada una de estas razas. Quizá todos estos seres son producto de mitologías nórdicas y sajonas en su mayoría pero no por eso pierde valor la originalidad de la forma de presentarlos en esta obra.
Una novela que no por ser del género fantástico deja de poseer contenido, la historia, épica, narra una aventura un tanto trillada, la búsqueda de un tesoro que es custodiado por un dragón en una alejada montaña, para llegar a él es necesario pasar por todo un trayecto lleno de peripecias y situaciones que darán oportunidad al menospreciado protagonista de demostrar su valía, como obra pensada para el ámbito infantil y juvenil en más de una ocasión se pueden distinguir entre líneas valores que ya han caído en desuso como la bondad, la valentía, la lealtad, la humildad, la sabiduría, la amistad, al final el mensaje que transmite es que cualquiera puede ser el más insignificante de los individuos de una sociedad, familia, equipo, sin poderes especiales, sin habilidades sorprendentes al que únicamente hace falta un pequeño detonante para desarrollarse y comprobar de lo que se es capaz y entonces así aprender a apreciar y valorar lo que se tiene. “Si todos diéramos más valor a la comida y no a atesorar oro, este mundo sería más feliz”
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