Les dejo una reseña para que le echen una revisada:
"Cualquier forma de morir" de Rafael Menjívar Ochoa
Un policía antinarcóticos(o, más exactamente, un “guardaespaldas de un comandante que se divertía mientras yo me ocupaba de que pudiera divertirse”), encarcelado injustamente, se ve envuelto en un vórtice de corrupción, violencia, privilegios para las familias de narcotraficantes en la cárcel, disparos, suicidios en masa obligados por otros y no hechos por propia voluntad. “Todo el mundo se suicidó ese año. Morirse estaba de moda”, nos dice este oscuro pero hilarante narrador. Desde la cárcel (claro está, un reclusorio convertido en hotel de cinco estrellas), los Celis, una de las dos más poderosas familias de traficantes, dirige los hilos de su organización, usando para ello a todos sus matones, sus balas, sus cuchillos y sus hombres. Este policía se convierte en una pieza más del engranaje. Hay que manipular a los medios de la oposición, hay que tronar a los políticos que denuncian el tráfico y el crimen y que se benefician sin embargo de él; hay que silenciar a los soplones. Con un pedazo de plomo entre las cejas, todo eso es posible. Y más, mucho más.
El policía antinarcóticos, que cuenta los hechos desde su punto de vista (no es más que carne de héroe, carne de víctima) palia el espanto de los sucios acontecimientos con la visión carnavalesca de las tripas afuera y los sesos voladores de quienes se suicidan a lo largo de la novela. La narración está plagada de frases ingeniosas, amargas, sarcásticas, de pequeñas huidas de tanta abyección a través de descripciones esperpénticas o simplemente hilarantes (“Con un revólver se necesita fuerza para cada disparo, y los muertos se ponen débiles después del primero”; “Un tonto con el sentido de la sobrevivencia bien desarrollado. Un tonto con iniciativa, que son los peores”).
¿Cómo salirse del vórtice de matanza y engaños? Pues con más matanza y más engaños. En Cualquier forma de morir, un clavo saca otro clavo. A la postre, lo más sensato es salirse con la ayuda de otros, hacer el papel de un triste suicidado como parte de una barata obra de teatro callejero. No hay espacio para los héroes. “Cuando un héroe se muere no es un héroe –escribe el narrador-. A lo mejor sea héroe después de muerto, a lo mejor haya sido héroe antes de morirse, pero en ese momento es alguien a quien se lo está llevando la chingada. Nada más, nada menos.”
¿Hace falta decir alguna otra cosa?