Books
Group avatar

Lectores chapines

Un grupo para compartir lo que leemos en Guatemala

« more discussions

  • Aroldo O

    Una lectura digna de atención

    ¿Para qué hay que leer literatura?

    Darío Jaramillo Agudelo

    1. ¿Por qué leer literatura? Tengo muchas dificultades para responder esa pregunta, es más, tengo dificultades con la pregunta misma. Ambas dificultades se relacionan con mi falta de objetividad con respecto al hábito de leer libros inútiles.
    Para empezar, mi clasificación de los libros está muy lejana de la que se podría esperar de alguien que, dentro de su trabajo, es responsable de una red de bibliotecas. La primera gran división de los libros es entre libros útiles y libros inútiles.

    Paradójicamente, a estas alturas de la tecnología, los libros útiles están destinados a desaparecer y los inútiles seguramente perdurarán en los estantes de las bibliotecas. No se crea que esta paradoja que presento como profecía es asunto del futuro. Ocurre ahora mismo. Ocurre cada vez en mayor proporción. La información útil, la de los manuales, desde la cartilla de cultivos hidropónicos al vademécum de veterinaria, desde el libro de la crianza de vacunos hasta la bitácora del carpintero, desde los “cómo hacerlo” hasta los “paso a paso”, todo este universo que se amplía a ritmo exponencial, cada vez está más en medio magnético y tiende a desaparecer del papel. Mientras más especializado sea un asunto útil, menos gente está interesada en él, lo que hace irracional convertirlo en papel. Por otra parte, los instrumentos de búsqueda que brinda el medio magnético son mucho más flexibles y prestan una mayor utilidad.

    Los libros inútiles, por el contrario, creo que están predestinados a perdurar en el formato de papel. Ray Bradbury dijo, según me informa la wikipedia, que uno se va a la cama sólo con una persona o con un libro. Es cierto. Uno no se lleva a la cama a la wikipedia. Pero sí una inútil novela, un libro de poemas, uno de esos livianos y profundos ensayos de Montaigne.


    2.. Lo primero que me he atrevido a hacer aquí es afirmar mi experiencia personal como criterio de mis dudas y de mis respuestas. Y esta es mi primera respuesta. Leo novelas y poemas y ensayos porque son inútiles. Los leo por esa razón y, de paso, niego cualquier utilidad práctica de ese tipo de lecturas, si bien, para contradecirme y continuar impávido, tendría que aclarar que esa costumbre tan inútil como leer novelas puede ser muy útil en ciertos momentos.

    Hablo, no me cansaré de repetirlo, desde mi pasión por la lectura. Me gustaría que mi testimonio le sirviera a alguien que lo pueda necesitar, aunque si digo esto, también le estoy encontrando alguna utilidad adicional a algo cuya esencia, ufanamente, es la inutilidad.

    Rápidamente me voy enredando en mi propia madeja de contradicciones sólo con el deliberado propósito de envolverlos a ustedes en la convicción que tengo acerca de la formidable y deliciosa utilidad de lo inútil. (Entre paréntesis, como mera digresión en la que no persistiré, también estoy convencido de la mucho más sombría inutilidad de lo útil.)

    Pertenezco a una subespecie humana llamada lector compulsivo. En la historia figuran algunos creadores que tenían la misma característica. También hay muchos chiflados que la comparten. Y la mezcla de los anteriores, locos que son celebridades, como el más de ambas cosas, el más loco y el más célebre, don Quijote de la Mancha, encerrado entre sus libros que sustituyen la realidad.

    Soy apasionado lector de literatura gracias a la confluencia de tres hechos con los que tropecé en mi primerísima infancia y que se prolongaron en el tiempo: uno, no tuve hermanos ni hermanas; dos, vivíamos en el centro de Medellín, cuestión que me confinaba a la casa, y tres, en esa casa había libros. Muy rápidamente, aun antes de poderlos leer, descubrí que me gustaba mirar los libros, las fotos, las ilustraciones. Y aprendí a leer muy temprano, impulsado por mis ansias de poder leerlos. Mi padre fomentaba aquellos deseos llevando libros a la casa.


    3. Creo que fue durante esas horas de domingo entero, en esas vacaciones que se extendían por semanas, que descubrí los dos placeres añadidos a la lectura propiamente dicha. El primero, el que más amo, el placer del silencio: inmerso en una novela, en un poema, el mundo exterior se borra, con todos sus ruidos. El segundo, que aniquilada la realidad de afuera también su tiempo desaparece, se reduce, se olvida, y el único tiem­po válido es el tiempo en que transcurre la narración.

    El silencio es un muy valioso y cada vez más escaso tesoro. Antes de la invención de los motores y de la radio, el silencio reinaba entre los hombres. Ahora está en extinción y quien lo necesita, como yo, como algunos otros que lo han probado, pueden conseguirlo metiéndose entre una narración que, ojalá, pertenezca a esa misma edad dorada del hombre, la época en que reinaba el silencio. Sus autores estaban obligados con el lector, tenían el desafío de encantarlo, de no permitir que soltaran el libro. Se llamaban —y hubo más— Boccaccio y Chaucer, Fernando de Rojas y Cervantes, Swift y Quevedo, Rabelais y Defoe. Después vinieron otros, como Cortázar y Calvino, Cabrera Infante y Albert Camus, Canetti y Conrad, Cervantes y Cernuda, Carroll y Clarín, para no salirme de la C de Confucio, de Wilkie Collins y de Calderón.

    El procedimiento es muy fácil: usted se embarca —el verbo es literal— en Ana Karenina o en Tom Jones y ellos le activan la cera en los oídos. Y usted, como Ulises, no tendrá la tentación del ruido de afuera, de las prisas del mundo, de los acosos de la realidad apresurada. Aquí todo irá por fuera del tiempo, aquí reinará un silencio tan sutil que se necesitará algún ruido para notar la imperceptible y gozosa existencia de un prolongado silencio.

    Precisamente porque su lectura borra la mensura del tiempo según los relojes, la lectura de novelas o ensayos o poemas es útil en ocasiones en que es importante no darse cuenta de la lentitud de las horas. Gasto más tiempo escogiendo las lecturas de aeropuerto y del avión que empacando la maleta. La verdadera duración del vuelo depende del tiempo interior del texto que me acompaña. Los libros inútiles son útiles para alejarse del tiempo suspendido, de las esperas, de los vuelos largos. En estas ocasiones se corren riesgos, habla la experiencia, como aquella ocasión en que una maravillosa trama de Poe no me dejó oír el llamado a bordo. O esa otra, más vergonzosa, en que Thomas de Quincey me tenía envuelto en sus Memorias de los poetas de los lagos y el avión que había llegado a tomar a tiempo se fue sin mí, sordo a los anuncios.



    4. Tengo una memoria de corta duración. Olvido fácil. Creo que mi mala memoria es una de mis mejores cualidades, ya no digamos morales, sino también en otros aspectos de mi vida. Gracias a la debilidad de mis recuerdos olvido con mucha prontitud los argumentos y, todavía más, las incidencias y recovecos de las historias. De los libros me quedan datos muy imprecisos y una sensación acerca de cuánto me gustó este o aquel título. Por supuesto, abandonado el oficio de reseñista, no tomo notas, ni hago fichas, ni llevo un diario, y todas estas omisiones facilitan el objetivo de que la memoria flaquee, de que el texto se olvide.
    Ese olvido me ha permitido volver a leer con pasión los libros que más me gustan. Hubo una época en que releía cada dos o tres años a Hammett y a Chandler. Y el goce, gracias a mi desmemoria, es el mismo o más, porque ya me permito hacer lecturas dirigidas, como la vez que perseguí, ociosamente, a Dulcinea por todo el Quijote.

    Precisamente el placer del relector olvidadizo reivindica la más evidente y deliciosa inutilidad de los libros de literatura. Como haciendo el amor, el placer de esta lectura es en tiempo presente, mientras se hace el amor con el libro que se lee. Luego sigue esperar el olvido para ponerlo en fila y volverlo a leer, y así hasta el infinito, hasta morir o quedarnos ciegos, lo que primero ocurra.


    5. Notarán ustedes que todos mis ejemplos vienen de la narrativa. Que apenas he dejado asomar el bendito nombre del señor de la montaña, el sin par Montaigne, entre los ensayistas en los que uno puede repetir fructuosamente su lectura una y mil veces. Entre éstos habría qué incluir el ensayo histórico, como El siglo de Luis XIV o La monja alférez.

    Consideración aparte merece la poesía. Aquí la pregunta, para qué leerla, aparece acotada por una condición anterior. El que lee versos, por ley general, escribe versos. Hans Magnus Enzensberger ha señalado que la poesía es la única rama de la creación que refuta todas las leyes de la economía, pues los productores de poesía son muchos más que los consumidores. En cantidad son más pero, entre ellos, son pocos, poquísimos, los que logran ser arte. La inmensa mayoría no es legible. No alcanza un nivel estético sino que su nivel es tétrico. Entonces aquí la pregunta, para qué leer poesía, tiene algún valor pedagógico: leo buenos versos para mejorar mis versos.


    6. ¿Para qué leer literatura? Concluyo diciendo que no hay que dar razones. Llevo años colaborando en campañas de lectura desde mi trabajo. He publicado antologías de lecturas amenas con miras a difundir el vicio. Todo esto es como la parábola de la semilla: no son muchas las que caen en campo fértil. A veces pienso que la gente está alienada por el ruido, por la prisa, por el gregarismo derivado del patético miedo de estar solo. Y que todo eso le gana a estar a solas, en silencio, sin acosos, leyendo un libro. Habría, tal vez, que cambiar de táctica. No decir nada. Simplemente atravesarle los libros a los niños por dondequiera que vayan, ponerlos en el aula y en la casa, en el bus y el consultorio, en el parque y en su propio cuarto. Al fin, emboscados, ellos caerán en la tentación.
    Aroldo O started this discussion 2 months ago. ( reply )

2

replies
 
Sign in to participate in this discussion.
  • ivanmendoza

    ivanmendoza 

    Comparto su amor por la lectura, padezco, por no decir padecemos, de lo mismo. Sin embargo, no comparto su 'odio' por las lecturas útiles, yo disfruto tanto un libro útil que uno inútil. ¿por qué? Un libro útil es el que me sirve en mi estudio, trabajo o vida. Me gustan las tres cosas, así que me gusta un libro que me ayude con eso.

    Me quedo con el siguiente parrafo, describió tan bien lo que me sucede cuando leo un buen libro:
    "El procedimiento es muy fácil: usted se embarca —el verbo es literal— en Ana Karenina o en Tom Jones y ellos le activan la cera en los oídos. Y usted, como Ulises, no tendrá la tentación del ruido de afuera, de las prisas del mundo, de los acosos de la realidad apresurada. Aquí todo irá por fuera del tiempo, aquí reinará un silencio tan sutil que se necesitará algún ruido para notar la imperceptible y gozosa existencia de un prolongado silencio."

    posted 2 months ago. ( reply )
  • Omar

    Omar 

    Que bueno está el artículo, aunque no estoy de acuerdo en un par de cosas. Primero eso de literatura "inútil", se que es intencional el llamarle así, pero creo que para el desarrollo de cada uno de nosotros tiene un valor extraordinario. No sé si como dice Ivan, muchos acá "odiamos" los libros "útiles", yo creo que son una excelente fuente de conocimiento y de no ser por libros de tipo técnico, habrían muchas cosas que no podría realizar, en mi caso por ejemplo, he leído sobre programación y de administración, entre otros.

    Lo he dicho antes pero insisto, con los que no podré estar de acuerdo es con los libros de motivación, esos que te dicen un montón de frases que suenan bien, pero que no dicen nada... alguien que ponga por ejemplo "creer es poder" ... "si lo puede soñar, lo puedes lograr". Detesto ese tipo de frases, porque al final, perdón la expresión tan coloquial, son pajas. Pero como suenan bien, venden y el hacer negocio vendiendo nada, es lo que me molesta. También vale la pena aclarar que no podré jamas criticar a alguien que los lea y si me dice que una frase de esos libros le cambió la vida para mejor, aplaudiré su logro, porque también es cierto que creo que de todo se puede aprender y que uno puede aferrarse a cosas no necesariamente ciertas, pero que sirven de motivador para alcanzar cierta meta o estado emocional. A quien critico es a quien los fabrica y los vende como la salvación de la humanidad, por mas buena que parezca ser su intención.

    El otro punto con el que no estoy de acuerdo es con lo de "no hay que dar razones para leer literatura"... porque todo tiene una razón de ser, buena o mala, pero la tiene y me parece una salida fácil.

    Saludos

    posted 2 months ago. ( reply )
  • To reply to this discussion, please sign in or join now.

Return to top