by Michael Ignatieff
En mayo de 1999, en el vasto campamento que se extendió de la noche a la mañana bajo los cielos de Macedonia, la petición desesperada que se podía escuchar por doquier no hacía referencia a la comida o al agua, sino a los teléfonos móviles, necesarios para localizar a los hijos, a los maridos o a los padres perdidos en el caos de Kosovo. De las llamadas telefónicas vía satélite a los misiles guiados por láser, se...
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