by Italo Calvino
La voz del caballero Agilulfo llegaba metalica desde dentro del yelmo cerrado, como si no fuera una garganta sino la propia chapa de la armadura la que vibrase. Y es que, en efecto, la armadura estaba hueca,Agilulfo no existia. Solo a costa de fuerza de voluntad, de conviccion, habia logrado forjarse una identidad para combatir contra los infieles en el ejercito de Carlomagno. Agilulfo puso todas sus fuerzas en un...
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